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8 feb 2014

Cauã Reymond: el preferido de las argentinas


“Fue un suceso, una marca en mí carrera. Y nos dejó orgullosos a todos los que participamos de Avenida Brasil ”, afirma Cauã Reymond, o “Jorgito”, quien se presta a la charla desde Río de Janeiro. Aunque hace más de un año terminó de grabar la telenovela que se convirtió en la más rentable de la historia, es buscado por el boom en el que se transformó en la pantalla de Telefe. La tira rompió cualquier previsión y explotó pese a ser emitida en las tardes de verano.

“A veces, independientemente de lo que las personas planeen, en el trabajo artístico el éxito depende de muchas cosas. No es una matemática”, explica el actor de 33 años que hace delirar a la platea femenina. “Yo ya había trabajado con João Emanuel (Carneiro, el autor), en El color del pecado, sin embargo ahora logró batir sus propios récords”.

Su personaje es uno de los más conflictuados de la tira, con toda una trama por detrás de abandono, frustraciones y un amor no correspondido. Su desempeño y su imagen frente a la cámara lo depositaron en un lugar estelar. Cauã destaca también a una compañera, quien personifica a otro gran personaje de Avenida Brasil: “Fue una marca para todos, pero en especial para Adriana Esteves, quien hace de Carminha. Ella es una actriz que marca diferencia”.

Esta bisagra en la carrera del actor ya tuvo recompensas: recibió propuestas laborales desde fuera de Brasil: “Ya tuve propuestas de trabajo desde Portugal, Chile y Argentina”. Su amor por el cine argentino (ver Un fan ...) lo lleva a que le interese una posible chance en el país.

¿Antes de dedicarte a la actuación fuiste bicampeón brasilero de jiu-jitsu y modelo en las grandes ciudades, ¿qué te dieron esos trabajos para tu actual profesión?

El jiu-jitsu me ayudó no sólo en mi profesión sino en mi vida entera. Formó mi carácter, cuando tenés un buen profesor te ayuda. Ser modelo sólo me permitió conocer el mundo. No fue un período tan divertido de mi vida. Tengo mejores recuerdos de la época en que era luchador.

La vida de un modelo parece alegre: conocés grandes ciudades, te relacionás con chicas lindas. ¿Por qué decís que es dura?

La mujer es más consumista, por lo menos acá en Brasil y creo que en la mayor parte del mundo. Entonces, la mujer acaba vendiendo para la mujer y ganando más dinero. El modelo masculino termina con menos posibilidades, pero, además, tenés muchas más cosas para hacer en la vida que modelar. Trabajé en Milán y París con los grandes diseñadores y fue una buena experiencia.

Luego fuiste a Nueva York, pero volviste a Brasil tras el atentado del 11 de septiembre, ¿por qué?

Tuve miedo. Estudiaba actuación y no tenía mucho dinero; daba clases de jiu-jitsu y vivía con un árabe. El me dejaba vivir en el departamento a cambio de las clases que le daba a él. Tras el 11 de septiembre, los americanos le tomaron rabia a los árabes; fue muy difícil, un período singular. Ahora quizás cualquier persona pueda vivir en los Estados Unidos, pero aquel fue un período muy agresivo. Entonces decidí volver a Brasil y pasé mi primer examen para comenzar en la actuación.

Fue su papá el que lo acercó al cine y junto a él alquiló innumerable cantidad de vecesTop Gun, una de sus películas preferidas cuando era más chico. Sin embargo, destaca aCorazón salvaje, de David Lynch, como el filme que “despertó” su sexualidad cuando tenía 10 años. “Había una cinta perdida en mi casa, que ni mi mamá había visto, sería de alguno de sus novios. Cuando vi la película, no pude parar de verla, fue muy sensual”. De su padre, también heredó en cierta manera el apego a la psicología (profesión del progenitor). No sólo se analiza, sino que intenta la construcción psicológica de los personajes que encarna: “Jorgito ( Jorginho en portugués) me dio mucho trabajo. Nunca supe jugar a la pelota, pero encima tenía que aprender a jugar mal, como Jorgito. Lo preparé por partes: primero la cultura del fútbol, empecé a escuchar samba y pagode, ritmos que no suelo escuchar. Y después fui durante dos meses a clínicas para estudiar cómo es el sonambulismo, porque sabía que Jorgito tenía esas secuencias. Y por último la cuestión del abandono de los padres”.

Cauã se crió en un barrio a metros de la Rocinha, la favela más popular de Río. Cuenta que su infancia en ese sentido fue mucho más violenta, pero que jamás tuvo ningún problema personal. Sin embargo, explica triste que muchos amigos de él murieron a causa de las disputas por el tráfico de drogas. Las vueltas de la vida lo llevaron a interpretar a un jefe narco en un filme que está por estrenarse en Brasil, Alemao. “Me propusieron ser el héroe, pero yo pedí ser el villano. Quizás no tiene tantas escenas, pero es una presencia significativa. Quería hacer un personaje diferente”, aclara.

¿Tuviste miedo de quedar relacionado al galán, al sex symbol, y no salir de ese papel?

Tuve. Todo actor tiene miedos: de no tener trabajo; si tenés, de no tener de nuevo, y si sos el galán, de hacer siempre de galán. Todavía tengo ese miedo, pero también tengo muchos deseos, y ese miedo nunca me paralizó, al contrario, siempre me puso en movimiento.

Cauã es un tipo difícil de encuadrar, capaz de ser la figura de la novela más popular de Brasil como también lector de Séneca, el filósofo romano (leyó el año último De la brevedad de la vida y dice que lo ayudó a formar más su carácter y convivir de una manera mejor).

Avenida Brasil, novela que potenció su relación con el fútbol (simpatiza con Flamengo) y lo que lo acercó con su hermano -con quien no tenía mucha intimidad-, fue para él un antes y un después, su despegue. Y no sólo en Brasil.

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