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28 ene. 2014

Un final a pura fantasía


Un final que ratifica la versatilidad del género telenovela. Más maleable que la masa que amasa un ama de casa a esa hora, la historia de Taxxi, amores cruzados (Telefe) se hizo elástica, asimétrica, deforme hasta alcanzar texturas inimaginables que rozaron el delirio. De qué otra manera puede explicarse que el príncipe azul Martín Montana (Gabriel Corrado) terminara como un científico loco mezclando tubitos de laboratorio para revivir a su amada (Agustina, Rochi Igarzabal). Todo un héroe, la sacó de su estado cataléptico descifrando la fórmula “XXR”, pero el final no fue de felicidad y perdices. El villano Moretti (Jorge Marrale) se la llevó repentinamente de su fiesta de casamiento y... fin. Desenlace abruptamente inconcluso.

Hay una explicación para el desconcierto.

Taxxi-así, con dos x, un estilo como para acentuarlo y exagerarlo todo- tendrá su segunda temporada. De ahí que el último capítulo haya parecido un corte de luz en el que el televidente confundido preguntaba por Twitter si hoy habría “bonus track” o si en un error de edición alguna escena estaba salteada.

Lo jugoso del último envío fue justamente el trazo grueso para contarlo todo. La narración llevada al extremo. La joven Tania (Igarzabal) era finalmente... Agustina, la vieja esposa de Martín y madre de Diego (Nicolás Riera). De ahí el inexplicable parecido de ambas. Por obra y magia de un elixir, la rubia no envejecía, mantenida como en formol todos estos años. Un rebuscado recurso de la ciencia ficción que no fue tan bien recibido por el público.

El pacto con el espectador estuvo claro desde el principio. El gancho estaba en la diferencia de edades de las parejas protagonistas (Catherine Fulop/”Tacho” Riera y Corrado/Igarzabal), pero también en lo imprevisible de la historia hasta llegar a las fantasías más insólitas. Algo a lo que el público heredero de Casi ángeles está acostumbrado.

Así, ayer se vio a Corrado en un rol más amplio, salvando vidas mezclando pócimas de colores con la soltura de quien mezcla témperas. El personaje tenía que elegir entre la vida de su mujer y la de su hijo (dormidos por el efecto “ampolla roja”), pero cuando el maléfico Moretti escapa, él logra salvar a ambos. Imperdible escena, Corrado inyectaba sueros milagrosos y los revivía como a pajaritos rozagantes.

Las historias satélite terminaron como se esperaba. La verborrágica Ema (Micaela Vázquez) dejó bien atrás su enamoramiento del mismo hombre del que estaba enamorada su madre (Diego) e inició nueva vida a la espera de un hijo con su nuevo amor, Luca (Tomás Fonzi). En tanto, el corrupto Víctor (Ivo Cutzarida), mano derecha de Moretti, terminó detenido.

Lucía (Fulop) no hizo caso a los prejuicios del almanaque y se quedó con el hombre que por edad podía ser su hijo. Se encaminaba a Ezeiza para tomar un avión, pero Diego puso quinta a fondo en su taxi y la llamó al celular. “Estamos unidos de una forma mágica. Me pasó algo que sospechaba: que vivimos un rato y que tenemos que hacer lo imposible para vivir con la persona que amamos”, destilaba azúcar desde su libreto. “Ya entendí para qué soy taxista, para estar preparado para esto”, soltó como un Romeo y se dio cuenta de que su auto iba, oh casualidad, a la par del taxi en el que iba ella... Telenovela en estado puro, porque, para imposibles, está la vida.

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