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27 oct. 2013

Miradas opuestas de "Tu Cara me Suena"


A favor: Puro entretenimiento

Algunos medios usaron la palabra "polémica" para referirse a los mensajes que escribió Elizabeth Vernaci en Twitter a raíz de su desacuerdo con la forma de puntuación de Tu cara me suena, donde participa como jurado. Dejando de lado la facilidad con que el término "polémica" se usa en el mundo del espectáculo y la farándula, el supuesto conflicto no generó interés y terminó por olvidarse.

Este caso pone en evidencia una de las principales virtudes del programa conducido por Marley: no necesita escándalos ni controversias para captar la atención del público. Por suerte, el interés por el reality radica en otro lado. Probablemente, en la curiosidad por saber cómo será la performance de los ocho concursantes célebres, o en cuán bien maquillados y vestidos estarán para la ocasión. Además, si tenemos en cuenta que en el certamen nadie queda eliminado, sino que hay un ganador por velada que decide a qué institución donar 20 mil pesos, la tensión propia de este tipo de programas desaparece y se disfruta de una manera más relajada.

En el ciclo no hay jurados mala onda, discusiones entre los participantes, chicas en paños menores ni golpes bajos. En su lugar, se agradece el humor de Vernaci, el talento de los concursantes y los intercambios entre Marley y Jey Mammon, que merecen un capítulo aparte por la manera en que combinan simpatía y desparpajo hasta lograr una fórmula que siempre termina en risas.

La buena performance de Tu cara me suena en el rating, sumado a las repercusiones en las redes sociales, no hace más que confirmar que se puede realizar un producto de calidad y puro entretenimiento sin escándalos.

En contra: Suena procesado

Un promedio de 16 puntos de rating puede legitimar a Tu cara me suena como un programa entretenido, pero eso no lo exime de haberse quedado a mitad de camino. El show de talentos que conduce el cándido Marley no propone una competencia basada en la eliminación entre participantes. No es un detalle menor. El público no hace nada, sólo mira desde casa. Eso le quita fuerza a la propuesta, que queda relegada sólo a la presentación de los artistas y a la buena mano de los encargados del maquillaje. Pero... verlos cantar disfrazados más de una, dos, tres veces, ¿sigue siendo divertido?

A ello hay que sumarle el dato incómodo. Desde el primer envío quedó en evidencia que la lotería de artistas para imitar tenía resultados sugestivamente "adecuados" para los participantes, por más revolucionario que quisieran vender el método. Por "sorteo" a Laura Esquivel le tocó caracterizar a Justin Bieber, mientras que a Carmen Barbieri le tocó Celia Cruz. Convengamos que lo radical hubiera sido al revés. Tampoco parece ser casualidad que todas las intérpretes seductoras (Rihanna, Thalía, Paulina Rubio) caigan bajo la órbita de Rocío Guirao Díaz, ni tampoco parece ser coincidencia que siempre las performances de la modelo despierten al Jardín Florido que yace en Cacho Castaña. Ni que hablar de la forma de puntuación con la que el jurado, que parece estar de adorno, premia al ganador.

Sin eliminación ni participación del público, sin recambio de personalidades y con claras conveniencias, Tu cara me suena sigue siendo un show súper procesado que distrae, pero que no se asegura futuro. Más que caras, lo que suena es... que se acaba rápido.

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