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2 mar 2012

Sebastián Estevanez: “Nunca tuve vergüenza de trabajar de nada”

Es lo que se ve. En el mejor de los sentidos. Sebastián Estevanez pareciera no tener dobleces. Gran optimista de la vida, cuando uno habla con él da la sensación de conocerlo desde siempre. Protagoniza Dulce amor (a las 22.45, por Telefe) y, a pesar de lo bien que le va, sigue poniendo su norte en los afectos antes que nada. Un tipo simple, laburante, que no tiene vergüenza de hablar de nada.
“Apenas tuve los libros en mi mano, supe que quería hacer Dulce amor . Y pensé que si se podían hacer tan bien como estaban escritos, era un golazo. Me reía, me emocionaba, me volvía a reír. Parecía que estaba viendo una película copada”, anticipa, antes de almorzar en los estudios de Martínez donde graba.
Y mientras leías, ¿qué herramientas pensaste que ibas a usar para componer a Marcos, tu personaje? La realidad es que otras veces, en otros personajes, laburé mucho para armarlos. Esta vez, me tiré a la pileta, escena por escena, dejando que fluya. Marcos es un pibe de barrio, que no tiene filtro, que casi no conoce a su padre. Su familia está compuesta por él, su mamá y su hermana. Se aman, son muy unidos. Me emocioné al saber sobre ellos. Y a Marcos lo sentí en el corazón de entrada. Es un pibe que labura mucho y le encantan los autos.
Se parecen, entre otras cosas, en la pasión por los autos, ¿no? Me gustan muchísimo los autos. Y eso que hace casi 14 años tuve un accidente en el que casi me muero. Tenía 4 por ciento de probabilidades de vida. Por 15 días estuve que vivía y que me moría. Dos meses estuve peleando por vivir y después, derecho a una silla de rueda y un año de rehabilitación porque volé por la ventana y me rompí todo. El accidente fue en una ruta de Punta del Este que no estaba bien señalizada. El auto volcó, di cinco vueltas. Manejaba yo, pero por suerte a los que venían conmigo no les pasó nada. Yo no me venía haciendo el vivo. Estaba cansado, no había tomado alcohol, pero no tenía el cinturón de seguridad puesto.
¿En qué te cambió semejante experiencia? Cuando tomás mate con el Barba se te abre la cabeza en todo sentido. Yo siempre tuve claro qué quería con respecto al laburo, a querer formar una familia, a intentar ser buena persona … Pero todo se acentuó con el accidente. Por eso ahora vivo el día a día.
Como Marcos …
El día a día hace tu vida, así que me ocupo de disfrutar el momento. Y cuando me voy a dormir intento sacar lo mejor del día.
Tu papá, Enrique Estevanez, es el productor de la tira. ¿Cómo se llevan trabajando juntos? Yo le pongo la misma garra y el mismo corazón y responsabilidad a todos mis laburos, más allá de en qué productora esté trabajando. Y eso se me acentuó a partir de que nació mi primera hija y después, mi hijo: laburo para ellos. Nunca fue joda el laburo pero ahora la responsabilidad es total.
¿La llegada de “Lobo” (la telenovela de El Trece que va en el mismo horario) te generaba adrenalina? Sí, obvio. Aparte que respeto mucho a Pol-ka por los productos que hace, y tengo un montón de amigos ahí. A mí me encantaría que se empareje todo. Obvio que quiero que ganemos nosotros, pero no me hace feliz ni que le vaya mal al de enfrente ni que levanten el programa de un amigo. Para mí, primero está la ficción. Que haya variedad y que tenga su lugar, porque es laburo para un montón de gente. Cuando empezamos Dulce amor nos juntamos todos, casi con mentalidad deportiva, y pusimos el acento en estar unidos, en que si no nos iba bien no nos volviéramos locos. A mí me pasó de estar en novelas en las que había que pelearla. Y no se puede abandonar el barco, hay que llegar a destino, más rápido o más lento.
¿Te gustaría producir? Acá formé parte de la producción hasta el arranque. Hice de todo. Después me abrí porque no se puede estar en todos lados. Me encanta, lo llevo en la sangre. Pensá que cuando tenía 12 años y mi viejo producía teatro en Mar del Plata, yo vendía y cortaba las entradas. Y cuando podía me sentaba a ver la función. Después hacía la caja y me iba. Siempre fue una empresa familiar, con mi viejo, mi hermano, mi hermana. Muchos dicen, “ay, este labura con su viejo”. Y sí. Y él, conmigo. Cuando teníamos taller de autos, también laburábamos todos juntos. Y cuando teníamos una verdulería, también: mi vieja o mi abuela estaban en la caja, yo atendía … Pero eso no quiere decir que labure con él y nada más.
¿Cuál era el negocio familiar cuando vos naciste? Taller de autos, de chapa y pintura. Después del colegio o en vacaciones, me metía a ayudar al chapista. Cuando una familia se hace de abajo y no tiene nada, como fue nuestro caso, aprendés un poco de todo.
¿Dónde vivían? En un departamento en Boedo, con un dormitorio para todos. Iba a un colegio del Estado.
Entonces ni soñabas con ser actor,¿no? No, pero ya había algo. Mi papá era actor. Lo fue por 10 años. Le iba muy bien, pero tenía que darle bola al taller: tenía dos hijos chicos, empleados … Me acuerdo que yo lo acompañaba a Canal 7 y en el auto, después de salir del taller, se iba cambiando y afeitando. Le tomaba la letra y él se cambiaba hasta el pantalón en los semáforos. Después papá empezó a producir teatro en el Provincial, con tres salas, y esa fue mi etapa de boletero.
¿Qué dijo cuando le contaste que querías ser actor? Yo se lo negaba. Lo que pasa es que cuando yo hacía la caja le pagaba a Rodolfo Bebán, a (Guillermo) Francella, a (Claudio) García Satur, a Carlín (Calvo) … Imaginate el respeto que yo sentía por ellos. Pensaba que era imposible para mí ser actor. Pero un día papá hizo el piloto de una novela, Gino . Yo era utilero, y antes, asistente de producción. Arnaldo André, en esa historia, tenía una verdulería, y yo se la armaba con todo lo que traía del Mercado Central. Un día me dijo que yo podía andar como actor. Y empecé. Nunca tuve vergüenza de trabajar de nada, y quería ser un laburante, como mi viejo.
Imagino que la realidad de tus hijos es muy diferente.
Sí, son chiquitos todavía, uno casi de dos años y la otra de cuatro. Pero igual les voy marcando el camino. A mí lo que más me interesa es que sean buena gente. Después, si les va bien, bárbaro, pero no tienen necesidad de ser número uno.
¿Cómo sos como papá? (Se emociona) Me estás tocando los puntos sensibles. Les doy todo desde el afecto. Cuando se pasan de rosca los corro a un lugarcito que tienen en mi casa que es para pensar. Límites necesitan, pero ahora, tan chiquitos, lo que necesitan es amor, hay que apoyarlos y abrazarlos, darles seguridad, buena onda. Mi mujer (la modelo Ivana Saccani) es igual a mí en ese sentido, es una genia, una mamá increíble. Estamos casados desde hace siete años. A ella lo que más le gusta es estar con nuestros hijos. A Ivana la conocí en un desfile a beneficio. Le vi la cara y no podía creer lo que estaba viendo. Una amiga me pasó el teléfono y cuando empezamos a salir, nunca más nos separamos. Fue un flechazo en el medio del corazón.

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