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20 ene. 2014

Programación: hola mundo cruel


Pese a que suele verse a sus protagonistas tan amables y sonrientes en las fotos, el mundo de la televisión (y más específicamente el de quienes la piensan, la programan y la ejecutan) está muy lejos de ser un jardín de rosas.

Más bien es un mundo cruel en el que la ley que rige es la del rating. Y no la de la comunicación, el gusto del televidente o la del respeto por él.

Y esto lo saben todos los que de algún modo u otro participan en ella, más allá de que los discursos luego ensalcen otros valores (los familiares, los del “contenido”, lo periodístico, etcétera).

En este marco, el de la implacable ley del rating, es que deben entenderse algunos sucesos que atraviesan la pantalla por estas horas.

Como todos los días hay que ganar, las temporadas dejaron de ser tales. Se estrena espasmódicamente y con el objetivo, implícito y explícito, de averiar los productos del competidor.

Hace algunos años, se sabía que la temporada fuerte arrancaba en marzo, con los ciclos que iban a ser los mascarones de proa de cada canal. Se ganaba y se perdía, casi cíclicamente, pero ese era el estilo. Después se agregó la “programación de verano”, que era una manera de reforzar una época del año, la de las vacaciones, en las que el encendido bajaba. Luego hubo otra innovación, la de la temporada a mitad de año. Los programas comenzaron a pensarse para un semestre (sobre todo, en el caso de los unitarios) y, casi al mismo tiempo, se anunciaba cuáles serían los ciclos que los reemplazarían.

Ahora los lanzamientos ocurren todo el tiempo, en todos los horarios. Y están pensados más como una agresiva partida de ajedrez que como una estrategia comunicacional a largo plazo. Así se guardan programas ya terminados durante meses o directamente no llegan a tener aire. O se lanzan otros con apenas un par de capítulos “adentro”. Y se va probando con horarios distintos, cambiando temáticas o incorporando personajes de acuerdo al rating minuto a minuto. Verdadero amo y señor.

Y de este modo, y a esto es a lo que pretendo llegar, algunos programas que fueron vistos con cierta continuidad durante el año se diluyen sobre el final, cuando comienzan a definirse sus historias, porque la competencia, con astucia, decidió estrenar tanques y darles todo el apoyo promocional posible. Vale mencionar en este sentido la suerte que están corriendo ciclos como Solamente vos o Farsantes, de los más vistos durante la temporada “regular”, que casi están haciendo la mitad del rating promedio del año.

Seguramente, esto que pasa entre Telefe y El Trece (mayormente, porque América y Canal 9 también están haciendo lo suyo con productos como Viviendo con las estrellas o El patrón del mal) se dé en sentido contrario cuando estén por terminarSomos familia y Sres. Papis. Porque así son las reglas “de mercado” de esta TV.

Pero que así sean no quiere decir que al televidente lo dejen contento o, al menos, satisfecho.

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