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13 sept. 2013

La cara más vista del humor


En la cultura estadounidense, está muy arraigado el concepto de S elf-made man (hombre hecho a sí mismo). Se usa en el mundillo empresarial y en otros ámbitos para referirse a la gente que logra cosas por mérito propio, a fuerza de voluntad y trabajo. Si ese concepto pudiese ser llevado a un programa de televisión, Peligro, sin codificar (martes, miércoles, jueves y domingo, a diferentes horarios, por Telefe) sería un buen ejemplo de eso.

Comenzó como un programa de humor los domingos a la tarde, por la pantalla de América. Desde allí se convirtió en un pequeño clásico post-almuerzo y uno de los programas más vistos de ese canal, con Martín Fierro incluido al mejor ‘Programa humorístico’ de 2012. El verano pasado, pasó a Telefe en el mismo horario. Apenas eligieron a Jorge Bergoglio en el Vaticano, llegó la desopilante Cumbia papal, creada y entonada por los integrantes del ciclo. Y explotó todo: las redes sociales, la popularidad del programa y la cantidad de horas al aire.

Ahora es un comodín del canal y siempre que se emite está entre los más vistos del día.

Diego Korol es el conductor del programa, que ahora tiene más de cinco horas al aire en cuatro días de la semana. En su staff tiene a algunos de los mejores humoristas de la televisión de este tiempo: Yayo Guridi, Pachu Peña, Pichu Straneo y Campi, entre otros. En los sketches y en el humor, sobrevuela el espíritu del viejo Videomatch y algunos toques absurdos de Diego Capusotto (el protagonista de Peter Capusotto y sus videos, lunes a las 22.10, por Canal 7).

Antes de salir al aire, Korol habla bajo. Parece cansado. Mezcla la tele de aire con un programa en DirecTV Sports y otro diario en radio Pop (ver Las 25 horas...). Dice que lo que les pasa es atípico y que todavía actúan con cierta inconsciencia. Traza un paralelismo entre este programa y el primer Videomatch (a comienzos de los ‘90). Y analiza una televisión que está “rara”, con ciclos que no pasan los 20 puntos de rating.

¿Cuántas horas estás al aire, si sumás las de la tele de aire, las del cable y las de la radio?

Un montón. Siento que estoy todo el tiempo diciendo: “Hola, ¿qué tal? ¡Bienvenidos..!”. Es un año muy atípico por todas las posibilidades que surgieron: la radio, el programa en Telefe, el cable... Son todas cosas muy placenteras en las que puedo estar con amigos, pero a veces estoy un poco complicado con los tiempos.

¿No te da cierto temor el desgaste con tantas horas al aire?

Hay más horas y más cansancio, pero no lo analizamos tanto todavía. Cambiaron muchas cosas en el paso de un canal a otro y todavía no tomamos noción de ese cambio. La duda cuando cambiamos era si hacer todo nuevo o todo lo mismo. Si hacíamos todo nuevo, la gente iba a decir que lo anterior era mejor. Y si no cambiábamos nada también nos iban a acusar de algo. Entonces, hicimos un mix. Creo que venimos de cierta inconsciencia desde el primer programa. Eso nos permite hacer tal o cual personaje como lo hacemos. También hubo una cuota de apoyo en el canal. Cuando tuvimos la primera reunión en Telefe antes de salir al aire, Bergoglio había sido elegido Papa. Yo dije: “En América, hubiésemos hecho una Cumbia papal ”. En el canal nos dijeron: “¿Por qué no lo van a hacer acá?”.

Todos ustedes tienen experiencia en el humor y conocen las lógicas de la televisión. ¿Esperaban un salto así?

No, yo al menos no lo esperaba. Si lo pienso tres veces, me da miedo. Es como estar arriba de un avión y ponerse a pensar cómo mierda funciona esta cosa tan grande. Prefiero pensarlo cuando el avión ya aterrizó. A veces, cuando vengo en el auto al canal, pienso si estaremos a la altura... Si está bien o mal lo que estamos haciendo.

Muchos de ustedes estuvieron en “Videomatch” y comenzaron jugando con esa idea de perdedores metidos en la tele. ¿Cuánto tiene este programa de aquel primero que hizo Tinelli?

Creo que es el mismo adn y eso sobrevuela en el estudio. Nosotros venimos de ahí; en ese programa aprendimos a editar, musicalizar, guionar y pararnos frente a una cámara.

Videomatch tiene bastante culpa de lo que está pasando acá, porque ahí también aprendimos a hacer humor. Si ese programa estuviera hoy al aire, Yayo o Campi harían lo que hacen hoy en Peligro, sin codificar. Hasta los camarógrafos de piso y algunos editores son los mismos que en aquella época.

¿Te parece raro el momento que está viviendo la tele? Casi no hay programas que superen los 20 puntos y hay algunos que arrancan muy arriba y pronto se desinflan.

Hay mucha oferta en otro lado. Es cierto que hay menos encendido o pasa que algunos programas pueden arrancar con 30 puntos de rating y a los pocos días están a la mitad. Pero no sé a qué responde. No creo que la gente se haya cansado de la tele. Están la computadora, los celulares, las tabletas... Y mucha gente viendo tele a través de esos formatos. Hace poco, me quise cambiar de operadora de cable y me ofrecían de todo para que no abandonara la empresa que tengo. Ahí me di cuenta que teniendo Internet no necesitaba el cable porque podía ver todo. Nosotros estrenamos algo y al otro día está en YouTube . Creo que ha cambiado la historia. Fijate lo que pasó con La cumbia kosher: dio la vuelta al mundo por el Año Nuevo Judío. La tele se viraliza de tal forma que lo ves en cualquier momento. Antes, si te perdías a Campi haciendo de Eduardo Feinmann, no lo veías más. Eso ya fue.

¿Cuál es el techo de “Peligro, sin codificar”? ¿Con qué horario te gustaría quedarte?

No sé cuál es el techo. Mi deseo sería dos horas los domingos.

No te creo.

Bueno (se ríe)... Sostener una franja diaria de lunes a viernes, pero es difícil porque hay mucha programación. Todos los días más el domingo me parece demasiado. Igual, nada de lo que diga sirve. En la tele, hablar de mañana ya es futurología.

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