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28 abr. 2013

"Es triste que se termine 'Dulce Amor'"

A un día del final de la novela éxito de Telefe, su protagonista, Carina Zampini charló con revista Ahora, del diario Crónica, sobre cómo vive el éxito, la pasión de sus seguidores y su vínculo con Sebastián Estevanez: "Nuestra relación se basa en la honestidad y el compañerismo".

"La finalización de "Dulce amor" dejará un hueco que se ocupará con algo que a la gente también la va a atraer. Tomás Yanquelevich viene haciendo las cosas muy bien, eso está a la vista y creo que va a seguir siendo así. El canal tiene muy buenos productores de ficción, Underground, Quique Estevanez, Pablo Echarri. Son muy capacitados y han demostrado que pueden lograr muy buenos productos, así que no van a faltar ficciones para reemplazar a esta historia de amor”, contó Carina Zampini orgullosa a la revosta Ahora, del diario Crónica, sobre el camino recorrido.

‑¿Te tomó por sorpresa el enorme éxito y la cantidad de fans que logró cautivar la novela y en particular tu persona?

‑La revolución en Twitter no me la imaginaba. Es la primera vez que tengo algo de contacto con las redes sociales, de hecho es algo que me cuesta mucho manejar. Cuando me dicen que suba una foto, para mí es chino, lo hago solo cuando alguien me da una mano. Pero sobre todo el Twitter me sirvió mucho para el vínculo con Victoria, mi personaje. Y reconozco que también conmigo porque, evidentemente, la gente ve en Carina algo de cierto perfil bajo que, quizá, no están tan acostumbrados en una persona expuesta.

‑Siempre se te ha asociado con villanas. ¿qué sabor te dejó interpretar a esta heroína que es Victoria?

‑Me llevé muy bien a pesar de que, a veces, me parece que las heroínas me van a aburrir un poco porque hice muchas veces de mala y es muy divertido. Pero este personaje fue complejo. No es fácil interpretar a una persona fría, distante, que no demuestra emociones pero que, a la vez, sea querible y que la gente no la tome como soberbia. Eso le aportó desafíos al laburo, y eso es lo que me divierte.

‑¿Te costó lidiar con la exposición pública que tu trabajo en “Dulce Amor” implicó?

‑Me encantó la respuesta del público, pero ahora necesito reencontrarme con cierta calma y armonía en mi vida. Entiendo que todo lo que hay alrededor es un negocio, cada uno hace el suyo y se respeta en tanto y en cuanto los daños no sean demasiado grandes. Pero cuando se dice que sos parte de un romance que no existe, se puede generar algún tipo de consecuencia gratuita, innecesaria. Fundamentalmente con gente como nosotros que somos buenas personas, honestas, trabajadoras y que no jodemos nunca a nadie.

‑Después de las merecidas vacaciones, ¿cómo sigue tu vida a nivel laboral?

‑La idea es descansar unos meses y analizar nuevas propuestas sin mucha ansiedad. Si acepto hacer algo de teatro tiene que interesarme mucho para que no se superponga con otra posible ficción. Por otro lado, que “Dulce amor” se termine es una enorme tristeza. Uno tiene la duda de si en algún momento va a poder repetir un equipo como este.

‑¿Cómo toma tu hijo adolescente tu trabajo, tu exposición y las ausencias que grabar una ficción implica?

‑Más allá de los inconvenientes que hice públicos en mi cuenta de Twitter, mi hijo Manuel tiene catorce años, una edad donde ya es compañero mío. Obviamente, tengo la gran responsabilidad de educarlo y formarlo pero está grande, tiene su vida con sus amigos y amigas, y no nos invadimos ni molestamos. A Manuel le encanta compartir cosas conmigo y a mí, con él. Es un chico muy evolucionado para su edad, entendedor. Antes de arrancar las grabaciones me decía que me fuera a trabajar, ahora creo que está contento de verme un poco en casa.

‑¿Cómo está la relación con Alejandro, tu pareja hace algunos meses? ‑La relación está bien, estoy muy contenta.

‑¿Conviven?

‑Por ahora no.

‑Recién hiciste alusión a los rumores de romance con Sebastián Estevanez. ¿Cómo los viviste?

‑Y no te olvides de que hace algunos meses me inventaron un romance con Quique, el papá. Así que en un punto trato de tomarme todo con mucha tranquilidad, más allá del disgusto que me genera. En veinte años de carrera nunca expuse nada, siempre fui muy respetuosa con la prensa, con mi familia y mi gente, y mantuve una conducta. Pero esto de estar en un lugar y en un momento de mayor exposición se presta para ese tipo de cosas. Evidentemente, entra dentro del juego y hay que tomarlo así. No me preocupa porque sé qué clase de persona soy, sé las cosas que no haría. En Sebas encontré un gran compañero de trabajo, tenemos una relación que se basa en la honestidad y el compañerismo, por eso no le tengo que explicar nada a nadie. Porque, en algún punto, como te dije antes, es parte del juego, no encuentro otra explicación. Lo adoro, es un gran tipo, un amigo, tiene una mujer bellísima y gran persona. Es un hombre muy familiero, que se ocupa de los suyos, como yo, porque somos más o menos del mismo estilo de persona.

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