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11 ene. 2016

Un punto de vista sobre el boicot a "La Leona"


Desde el momento en que se hizo el anuncio oficial, estuvo todo mal con La leona, la tira protagonizada por Nancy Dupláa y Pablo Echarri, cuyo comienzo está pautado para el lunes 18 del corriente por Telefe.

El respaldo que la pareja de actores le ofreció al kirchnerismo, como así también la información de que recibió suculentos subsidios del Estado para producir (un dato de la realidad, que si se publica no es necesariamente con fines persecutorios), predispuso de la peor forma a cierto sector de algo que podríamos denominar público en general, aunque la reacción se concentró en los por entonces sectores opositores.

Fue en ese contexto que pintó el hashtag #DecileNoALaNovelaLaLeona, un boicot infantil porque no hay nada más efectivo que el prejuicio para comprometer cualquier ciclo virtuoso en materia de consumo cultural.

Esa proclama es ridícula. ¿Quién ha dejado de escuchar a The Ramones porque el guitarrista Johnny declaró “Dios bendiga al presidente Bush” en ocasión de la Guerra del Golfo? ¿O a Morrissey por haber echado a un plomo sólo por no tener cultura musical? ¿Alguien le ha dado la espalda a Spinetta por haber tenido una declaración desafortunada con respecto a Madres de Plaza de Mayo en algún momento de su carrera? ¿Hubo algún periodista subestimando el monumental legado de Lemmy Kilmister porque el líder fue en vida un coleccionista de fetiches nazis?

La obra es la obra. Y su autor un sujeto social al que le caben todos los influjos sociopolíticos y culturales, además de las generales de la ley.

Saludable derecho

Con relación a cómo Echarri y Dupláa acompañaron a Cristina o a Axel Kicillof, se puede considerar más valiente y comprometida a la militancia de Nacha Guevara en los ’70, por ejemplo, teniendo en cuenta que la diva y Alberto Favero se jugaban la vida en cada recreación de su espectáculo de café concert. Pero hay un abismo entre considerar tibia a una forma de respaldo (basado sobre todo en exteriorizaciones mediáticas) y el ya citado llamado al boicot.

Por otro lado, hay matices en el asunto como para llamar a resistir tan categóricamente. Veamos por qué. La leona es una ficción que propone el canal privado Telefe vía El Árbol, la productora que Echarri creó años atrás junto al también actor Martín Seefeld, como para coronar amistad y buena química conseguidas en los sets. Esta sociedad prolífica ya ha dado muestras de altos estándares de calidad mucho antes de que se manifestara tan abiertamente lo que en los últimos tiempos se ha conocido como “la grieta”.

El dato es que Seefeld es uno de los puntales que el PRO tiene en los medios masivos, e incluso su nombre llegó a sonar como director de la TV Pública. Por eso, precisamente, un vacío de televidentes resentiría un producto surgido en el seno de una empresa en la que los grados de separación ideológica están cerrados por cuestiones vinculadas al respeto y al profesionalismo.

“Esto fue pagado por ellos, no es algo que les hayan dado los partidos políticos. ¿Cómo se puede acusar a la gente de autoritarismo si se practica el mismo autoritarismo?”, razonó Miguel Ángel Solá, uno de los actores participantes de la serie por venir, que se confesó totalmente apolítico.

Solá tiene toda la razón y, de modo colateral, hace un llamado para no caer en futuras persecuciones y búsquedas de contradicciones con lupa. Aun cuando se trate de algo tan alevoso como lo del cantante Manuel Quieto, que pasó de posar con el cartel de “Clarín miente” hace años a tocar en el “Espacio Clarín” la semana que hoy termina, nunca hay que bajarle el pulgar a un artista por cuestiones ideológicas. Ni condenarlo por ejercer el saludable derecho a cambiar de opinión.

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