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5 jul. 2015

Punto de vista de "Laten Corazones": La banda llorona de la tele


En el mundo audiovisual, una banda sonora bien entendida opera como un anclaje emotivo invisible, potenciando el sentido de las imágenes. Una prueba sencilla es ver alguna secuencia de una película sin audio para notar cómo reduce el alcance de su intención (desde hacer reír a llorar, desde generar miedo hasta sobresaltos).

La gracia de este recurso básico es que no sea evidente, que no parezca una orden que se le da al espectador, casi como el cartelito de "aplausos" que se suele utilizar en los programas en vivo con público en el estudio. Eso, precisamente, es lo que de un tiempo a esta parte se ha vuelto una norma en televisión en general, explotando de manera burda la intencionalidad de la música. Por supuesto que no se puede musicalizar un velorio con las canciones de Piñón Fijo, pero tampoco impulsar una emoción en la mayoría de los casos impostada.

Casi como si se tratara de seguir una fórmula previamente cargada en una planilla de Excel, en los realitys de cantantes como Elegidos o Laten corazones la secuencia es muy previsible: música de cuerdas en clave de ilusión y esperanza para marcar la entrada del participante (que también se utiliza cuando termina su performance); y antes de la devolución del jurado, cuando enfocan a los familiares en la tribuna, el clásico violincito, a veces acompañado de unas pocas notas en piano, casi como buscando extirpar las lágrimas de los involucrados.

En ShowMatch suele ocurrir lo mismo: cada vez que un participante hace referencia al "sueño" que supuestamente busca cumplir con su paso por la pista, desde el control vuelve a surgir esa banda emotiva; y en contra partida, cuando la cosa se pone tensa en la devolución del jurado, el "suspenso" supuestamente se activa con las cuerdas y tambores al estilo Tiburón, como si quisieran llevar al espectador al borde de la silla.

Esta semana en Duro de domar, por ejemplo, se burlaron con elegancia del recurso, musicalizando el informe del resultado de 6 a 1 de Argentina-Paraguay con música clásica cada vez que Messi llevaba la pelota.

“Dame acción, quiero drama”

Los noticieros, en esta mutación que estamos experimentando todos los medios, hace rato que se han reconvertido en shows informativos que deben pelear por la atención del espectador. En ciclos como los de canal América, por ejemplo, los informes policiales son musicalizados con una banda de sonido trepidante, como si los malhechores estuvieran al acecho y a punto de saltar desde la pantalla. Claro, en cuestión de segundos se pasa al video viral y ahí aparece la música símil Show de Benny Hill, para volver con las cuerdas emotivas al entrevistar a los familiares de una víctima de un accidente vial. Una montaña rusa emocional tan evidente que difícilmente consigue establecer un vínculo genuino con la audiencia.

Los conductores son los titiriteros (¿o marionetas?) que tienen que adecuar su expresión facial acorde a la musiquita del momento. Aquí deben manejar el difícil arte de ser creíbles y, si no lo son, al menos ser rendidores en términos de rating.

Y detrás de escena, es posible imaginar la figura del maquiavélico director pidiendo "dame emoción", "dame acción", "quiero drama", cual autor de ficción garabateando las emociones de sus personajes. El cine supo parodiar a este personaje en varias ocasiones: el cínico Ed Harris de Truman Show como el director del programa; o más cerca en el tiempo, Rene Russo en la reciente película Primicia Mortal, como una desalmada productora de un noticiero en busca de sangre (y rating).

Este no es un defecto exclusivo de la tele argentina. La homogenización de formatos o la copia lisa y llana llevan a estandarizar estos recursos a lo largo de toda la grilla de programación de la TV en general. La pregunta sea quizás de qué lado viene la imposición: si se trata de una decisión estética sostenida por los productores audiovisuales, o una respuesta de estos a los resultados que la audiencia refrenda a cada segundo con el arma que silenciaría estas pulsiones sonoras, que no es otra que el control remoto.

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