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11 ene. 2015

Los comienzos de Yayo Guridi en la tele: "Tinelli no me quería más en el programa, porque era malo"


Sos un tipo popular, la gente te eligió para leerte en esta nota. Sin embargo, no se te nota a gusto con la fama.

Es un problema lindo para resolver. Lo que pasa es que a mí no me gusta andar careteando por ahí, soy más de estar guardado y sigo yendo a los mismos lugares de siempre. Entonces lo siento así.

¿Un problema? O sea que renegaste...

Renegué porque uno siempre fue de vivir en las tinieblas, en la noche, en lugares non sanctos. Y ahora no puedo hacer tanto eso, desgraciadamente. No sólo por el reconocimiento, sino porque hoy en día cualquiera tiene un celular y si te ve, marchaste. A esta altura, yo tengo una señora que no está dispuesta a bancarme lo que me bancaba cuando tenía 20 o 30 años.

La tele, entonces, no fue para vos un camino que elegiste para ser famoso.

En la tele aparezco cuando voy a laburar. No a mostrarme de otra forma. Son modos de proceder. Yo repienso mil veces una pregunta. Si no conozco muy bien la materia de la que me están preguntando, prefiero no opinar.

Estudiaste Economía, y llegaste a trabajar de eso. ¿Cómo llegaste al humor?

Arranqué en el colegio secundario de Villa María, de donde soy. Había un gran festejo para la primavera. Y cada curso armaba un sketch. Eso hizo que nos juntáramos un par de borrachos, y ahí, entre guitarreada y asados, nos dimos cuenta de que boludeando teníamos material para una hora y media de un espectáculo de humor. Empezamos a buscar lugares para presentarnos. Tuvimos que pelearla. Teníamos 17 años.

Y un día apareció Tinelli.

A Buenos Aires llegué a fines del '93, a una prueba en Videomatch. Fue jodido. Yo no le podía agarrar la mano a la tele. Venía de un palo diferente. Habíamos quedado tres nuevos, los que después hicimos "Los gauchos". No me salía hablar rápido ni componer un personaje que no hablara en cordobés. Es más, en el '94 estaba prácticamente echado.

¿Cómo es eso?

Los locos me dijeron que me iban a camuflar para que el Cabezón no se diera cuenta de que era yo. No me quería, es decir no me quería más en el programa porque era malo. Entonces me pusieron una peluca blanca larga, bigote y me hicieron cambiar la voz. Ahí gusté y entré como tercer "Gaucho". Un día Tinelli se enteró que era yo. "Por los menos ahora está haciendo algo digno, déjenlo a ver si progresa", habrá dicho.

Llevás más de 20 años en el medio, pero intuyo que no te gusta la palabra "carrera".

Como para definirlo de alguna forma está bien. Pero a mí el currículum, los papeles, los logros... No sé. "Años de carrera", dicen. No llegamos a ningún lado si nos quedamos sentados esperando con los años de carrera.

Hubo un cambio en vos. En un momento pasaste de ser un "Yayo puteador" a ser un humorista que hace reír sin insultos. ¿A qué se debió?

Sin Codificar, programa que ahora trasladamos al teatro y con el que nos estamos presentando en el Holiday de Carlos Paz, abrió una gran puerta. Me dio una oportunidad de demostrar otro tipo de cosas que estando en Videomatch no podíamos hacer por el ritmo del ciclo. Igual, soy agradecido. Gracias al Cuarteto Obrero me compré una casa.

Ahora vivís de cerca el éxito del programa en Córdoba.

Hace dos años que estábamos intentando traer Sin Codificar al teatro, y no lo podíamos concretar. Lo concretamos, y en Carlos Paz. No es un curro de verano, es el puntapié inicial de un proyecto muy largo, que va a abarcar la calle Corrientes y quizás Mar del Plata en un par de temporadas.

Decías que el cantante de cuarteto te marcó. ¿Fue el gran personaje de tu vida?

Vivía en las catacumbas del canal. Entre los estudios del segundo subsuelo y las cabinas, editando. Esa era mi vida normal. Y de un día para el otro me llevaron a un boliche con seis guardaespaldas por la cantidad de gente que había. No podía llegar al escenario. No entendía nada. Fue un click muy grande

¿Qué te parece el humor argentino?

Es el mejor del mundo. Tengo mis ídolos acá. Me gustan algunas películas yanquis, pero tienen una gran producción, impensada para nuestro mercado. Acá nos tenemos que arreglar con dos palitos y un alambre. Eso hace meritorio el humor de acá.

¿Cómo viviste el cambio de "Sin codificar", que pasó de ser un programa semanal a uno diario?

Fue duro. Es algo a lo que no le podés decir que no. Yo estaba muy cómodo con los domingos. Me quedaría con eso y nada más. Pero Telefe nos ofreció el prime-time, y fue una experiencia bárbara. Eso sí: perdimos el toque artesanal, nos hicimos más industriales. Era milanesa con papas fritas para todo el mundo. A lo mejor perdió un poco la esencia el programa. Pero fue maravilloso.

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