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20 ago. 2014

Tomás Yankelevich: el hijo de la televisión


Piensa que si el bisabuelo búlgaro lo interceptara hoy no habría palabras, sólo una palmadita de aprobación. Que el “padre” de la televisión, Don Jaime Yankelevich, sentiría “orgullo” de cómo hace flamear el apellido. Que incluso sonreiría también el abuelo Samuel, hijo de Jaime, otro pionero de la tribu. A los 36 años, Tomás Yankelevich cuerpea Telefe desde el sillón de Director de contenidos. Con tres años de gestión silenciosa, el hijo de Cris Morena y Gustavo Yankelevich logró que la emisora estuviera otra vez a la cabeza del rating. De aprender a leer gracias a los carteles de Mesa de noticias (ATC) a leer y decidir los contratos del minuto más caro de la televisión argentina. “Soy relajado, pero...”, se sincera en su oficina de Martínez, “soy súper exitista”.

Cuando asumiste, el mito que se instaló era que serías la cara visible, pero que tu padre comandaría de nuevo todo, esta vez desde las sombras...

(Se ríe) Acá en el canal decían eso. Siempre va a estar el que dice que mi viejo está detrás. La realidad es que muchos me comentaban: ‘Se dice que vos hablás mucho con tu papá’. ¿¡Cómo no voy a hablar! ¡Si es la persona que estuvo 10 años al mando de este canal y es mi papá y me asesora gratis! Sería un tonto en no confiar en la palabra de mi viejo. Pero lo que se dijo no es así.

Tomás transmite paz pese a que su vida es una carrera detrás de los botones. Nació antes de que la prolífica María Cristina De Giácomi (Cris) se iniciara en la composición musical, y estrenó adolescencia en épocas de Jugate conmigo. Trabaja más de doce horas, siente al teléfono celular como un órgano más y aunque no recuerda lo que sueña cada noche, varias madrugadas se levanta para registrar el destello de alguna idea. Su esposa, la actriz Sofía Reca, le prohíbe mirar televisión en la habitación, por eso el sueño siempre lo vence con el control remoto en mano, en el sofá. Es formal y reservado, se apura pero no corre, y no hace de su dolor una propaganda. Hace cuatro años que perdió a su hermana Romina y será por eso que muestra la sabiduría de quien ha podido resignificar la vida. De la hoguera de las vanidades de la pantalla, no lo rozan ni las esquirlas.

¿Por qué no solés dar notas?

Mi sensación es que no tengo la necesidad. Y dentro de la empresa opinamos igual. Mejor a veces hablar con los contenidos que ponemos en pantalla.

¿Y esta vez por qué sí?

Ahora se vinieron varios cambios de programación, cambios a los cuales uno no les tiene miedo, sino respeto. Hablo puntualmente de razones económicas. Terminó el Mundial, Telefe venía con ingresos buenos y hubo una recaída. Automáticamente tenemos que salir a ajustar gastos para emparejar con los ingresos. En un canal como Telefe que tiene 1.700 empleados, obviamente la variable de ajuste no tiene relación con los empleados, sino con la programación. Tenés gran porcentaje de costos, que son los sueldos, y la otra gran variable es la programación.

¿Qué tan alarmante es el tema económico?

Como cualquier otra compañía que está en este país. Es un momento complicado para todas las empresas. En el listado de ajustes uno lo que ve primero es qué programas con posibilidad de correr de la grilla tiene para generar un ahorro genuino. Por eso levantamos Doctores. La performance no era mala, estoy convencido de que si le dábamos más tiempo lo hubiéramos terminado de instalar. Tener que sacarlo fue doloroso, particularmente a mí me gustaba mucho. Pero lamentablemente cuando tuvimos que priorizar cómo seguir el año, hay un montón de ficciones ya grabadas, entonces no tenés opción de reaccionar.

¿A Telefe le falta una ficción más jugada, menos familiar?

Podríamos tenerla, hoy por hoy no la buscamos. Viudas..., Camino al amor, Sres. papis. Apostamos a los programas súper blancos.

¿Por qué te interesa tanto el mensaje blanco de los contenidos de Telefe?

Siempre viví la tele abierta de esa manera. Mi sensación es que cuanto más integrador sea el contenido, mejor. El viejo Canal 11, cuando empezó, tenía ese leitmotiv y lo respetamos. Cuanto más posibilidad de público tengas, más posibilidad de rating.

¿Cómo ves a la competencia? ¿Sos obsesivo en tu rol?

Soy obsesivo, pero relajado. Que al canal le vaya bien tiene dos patas: la que más me importa es que el público esté contento con los contenidos. La segunda, que el canal tenga rentabilidad positiva. Miro a la competencia y algunas cosas me gustan. Nosotros todos los años nos tenemos que reinventar porque no tenemos un tanque como ShowMatch (El Trece) que va cuatro veces por semana. Muchas veces critican al canal por qué no tenemos más producción nacional a la tarde...

El ejemplo de “Casados con hijos”, que estás mirando ahora, y se repite hasta el hartazgo...

El costo de repetición es mucho menor, si bien hay que pagarle a los actores. Pero quizá sea más costoso Casados... que una lata extranjera. No podemos sacar Casados..., es una marca ya. Un fenómeno parecido al de Los Simpson. En Estados Unidos las sitcom se repiten hasta el hartazgo.

Por apostar a “Viudas e hijos...”, corrieron de la programación a “Somos familia”, que tenía un público familiar nocturno y llegaron las quejas. ¿En cuánto influye el éxito que fue “Graduados”?

Viudas... tiene el olorcito a Graduados, pero es distinta. El choque de universos de familia de polistas con la de rockeros genera mucho humor. Le tengo una confianza enorme. El lunes de la semana pasada, Somos familia fue lo más visto el día. Si lo estamos corriendo es porque sentimos que estamos amplificando el prime time. Además, Somos familia estaba pensado para las 19. Obviamente mucha gente no está conforme.

¿Hubieran podido convivir bien con Marcelo Tinelli si se hubiera acoplado a Telefe el año pasado?

Creo que sí. Yo no estuve en la negociación final. Es un tipo muy importante y sus contratos hay que mirarlos cien veces. Yo estaba convencido de que él estaría. Tuve que poner freno a muchas producciones porque sabía, que si venía, llevaba mucho presupuesto. La negociación se extendió dos meses, no se dio y quedamos descolocados. Por suerte tuvimos un buen año igual.

¿Cómo fue crecer en los pasillos del canal? ¿Eras celoso de tu mamá que en aquel momento tenía tanta mirada encima?

Fue muy divertido. Era celoso de sus tiempos, pero no de la gente. Ella se puso en un lugar muy sabio hoy y me cuida mucho. Mi primer trabajo en el canal fue editando promociones. Después estudié cine en la Universidad del Sur de California (dirigió Vivir intentando, la película de Bandana) por eso nunca me vi en un canal. Se fue dando solo. Hoy extraño la cámara en mano. Me siento como en un parque de diversiones sin poder subir a los juegos.

Hay una imagen hermética tuya. ¿Cómo sos en realidad?

Mi principal característica es la honestidad. En la industria valoran eso. Podés llegar pisando cabezas u honestamente. Yo elijo lo segundo. ¿Sabés que es lo gracioso hoy? Los empleados del canal ven a Inti, mi hijo de 4, y lo saludan: ‘Hola, jefe’. Es que si la herencia sigue, puede que él un día se siente acá. Los Yankelevich tenemos los medios en la sangre. Yo siento que estoy llevando el apellido por el buen camino.

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